¿Qué significa ser sobresaliente?

El calificativo ‘sobresaliente’ connota una serie de consideraciones para quien lo recibe, sea para enaltecer los logros y creaciones del mismo o para otorgarle un lugar privilegiado en la sociedad.

Sin embargo, no hay claridad suficiente en el término y su uso no deja de ser ambiguo o arbitrario. El texto de Luis Ruiz Alvarez, ¿Qué significa ser sobresaliente?, nos abre el camino para reflexionar sobre cuáles son sus implicaciones cognitivas, sociales, escolares y éticas así como cuáles son las perspectivas a través de las cuales se aborda este tema por demás, interesante.

§1.- Desde siempre han existido mujeres y hombres que han destacado de una o otra manera en los diversos campos de la actividad humana, campos cuyo valor y cuya existencia han dependido indudablemente de razones históricas. Estas mujeres y estos hombres han sido considerados, en unos casos efímeramente y en otros no tanto, como seres extraordinarios, dotados de talentos, capacidades, habilidades, tesón y personalidad superiores al común de los mortales. E inevitablemente, desde entonces los educadores, filósofos, historiadores, pedagogos, sociólogos, antropólogos y psicólogos, entre muchos otros, se han preguntado por el origen y naturaleza de tan singular condición.

La pregunta ¿Qué significa ser sobresaliente? Encierra en realidad un doble cuestionamiento: 1. ¿Qué queremos decir cuando decimos que alguien es sobresaliente? y 2. ¿Cómo es que ese alguien llegó a ser sobresaliente?

Las respuestas a ambas preguntas han estado, a lo largo de la historia y como es fácil percatarse, indisolublemente ligadas, al grado de que en algunos casos es necesario esforzarse para saber a cual de ellas está respondiendo el autor, dando por entendida la solución a la otra interrogante.

Sin embargo, para nosotros los educadores resulta imprescindible diferenciarlas con nitidez y responder a ellas con claridad pues de eso depende absolutamente el éxito de nuestra misión; pero, ¿Cuál es esa misión?

Según; si consideramos que lo sobresaliente le viene a fulana o zutano por la gracia divina, la genética o la estirpe, entonces nuestra labor se enfocará a identificarle lo más tempranamente posible para poner a su disposición, también lo antes posible, los medios necesarios para que su talento innato no se malogre o desperdicie; si, por el contrario, estamos convencidos de que lo sobresaliente es producto de las condiciones históricas, sociales o pedagógicas en las que tal o cual creció y fue educado, nuestra tarea se encaminará a crear esas circunstancias en la medida en que nuestras posibilidades lo permitan.

No es necesario insistir en que las consecuencias que de un caso o del otro se siguen son diametralmente opuestas pues en el primero la condición de sobresaliente es patrimonio exclusivo de unos cuantos sin que nosotros podamos hacer algo para democratizarlo y en el segundo es un bien que en principio está al alcance de todos los humanos.

Actualmente la polémica entre la posiciones innatistas radicales y las no-innatistas radicales sería más un ejercicio sofístico que una seria discusión pues los datos acumulados a lo largo del siglo pasado por diversos investigadores y estudiosos del fenómeno han puesto en evidencia que lo sobresaliente es resultado de la confluencia e interacción de las circunstancias sociales, históricas, educativas en un sentido amplio y no solamente formal, psicológicas y genéticas, no siendo ninguna de ellas determinante por sí misma. Baste en esta ocasión con señalarlo.

En nuestra tradición educativa, y particularmente en la escolar, afirmar que una niña o un joven son sobresalientes es lo mismo que decir que es inteligente y esto equivale, si no en la mayoría de los casos al menos en todos ellos, a que obtiene buenas calificaciones. Con tal sencillez se responde a la primera pregunta ¿Qué queremos decir cuando decimos que alguien es sobresaliente? Aunque frecuentemente la costumbre resulta ser bastante mala consejera.

Más adelante abundaremos específicamente sobre los temas de la inteligencia y de la escuela pues queremos detenernos un momento a reflexionar en torno a algunas ideas sobre como hemos respondido nosotros a la cuestión.

¿Qué tienen en común los siguientes personajes?

– Albert Einstein, físico matemático; Ana Guevara, corredora; Carl Marx, economista y filósofo; Eugenia León, cantante; Leonardo Da Vinci, pintor renacentista; Sor Juana Inés de la Cruz, poeta; Juan Sebastián Bach, músico compositor barroco

Todos ellos son sobresalientes por los resultados o productos de una actividad específica realizada dentro una comunidad delimitada, con criterios propios derivados de exigencias, propósitos y prácticas intrínsecas. Se es sobresaliente como físico, como pintor, como deportista, como cantante, como poeta etc., y es muy probable que las habilidades de cada uno de ellos difieran significativamente haciendo imposible unificarlas en términos sencillamente intelectuales o cognitivos.

Así mismo cada uno domina un campo específico, con sus saberes, sus lenguajes, sus prácticas y sus tradiciones. Einstein el de la física, Ana el del atletismo etc.

Sin excepción dedican buena parte de sus energías, tiempo y atención al campo de su interés, Bach componiendo cada semana un coral para la misa del domingo, Marx estudiando durante quince años toda la literatura económica de la biblioteca.

Todos han innovado en su campo, ya se enriqueciéndolo y desarrollándolo, ya sea poniéndolo en crisis y revolucionándolo, ya sea produciendo nuevos problemas y facetas hasta entonces inimaginadas.

En síntesis son sobresalientes porque:

a) Dominan un campo específico de la actividad humana.

b) Son persistentes, perseverantes y muestran un profundo interés por ella.

c) Los productos o resultados de su actividad son singulares, originales o innovadores.

Se puede objetar que ello no necesariamente es así pues hay individuos que no reúnen tales características en su conjunto y en la misma medida. A ello respondemos que si bien éstas siempre se encuentran presentes, no obligadamente lo hacen en la misma proporción. Los unos ha sobresalido más por su dominio del campo, los otros por su perseverancia y aquellos por su originalidad.

Bien, ¿Podemos encontrar individuos sobresalientes entre nuestros niños y jóvenes? Seguramente sí, aunque no más de uno en un millón. El número se incrementa ampliamente si esos niños y jóvenes son alumnos de nuestras escuelas, pero se tratará de estudiantes sobresalientes, que dominan los saberes, las prácticas y las tradiciones escolares, esto es, que dominan el campo académico escolar.

Al respecto, Renzulli ha tenido el cuidado de alertarnos contra la falacia de confundir a un estudiante de física, arquitectura o filosofía sobresaliente con un físico, arquitecto o filósofo sobresaliente suponiendo de facto que lo segundo es consecuencia de lo primero.

Mucho menos podemos confundir a un niño o joven con excelente coordinación, flexibilidad y fuerza con un deportista de alto rendimiento o a otro de pensamiento lógico-matemático riguroso con un físico del CINVESTAV o con un programador de Microsoft.

Sin embargo, si enfocamos convenientemente la mirada, podemos encontrar un número importante de niños y jóvenes potencialmente sobresalientes en distintos campos y no únicamente en el académico escolar. Es decir:

a) Que poseen habilidades o aptitudes generales, no realizadas aún en una actividad concreta.

b) Que muestran un marcado interés por algún campo específico aún sin dominarlo o,

c) Que tienen una personalidad perseverante y persistente.

Con lo dicho hasta el momento hemos respondido, creemos nosotros, a la pregunta inicial.

§2.- Ahora permítasenos poner el acento en una faceta sumamente interesante y atractiva de los individuos sobresalientes.

Desde nuestro punto de vista, desde nuestra perspectiva, lo más característico de un individuo sobresaliente es que es un individuo creador. ¿Por qué? Porque lo que distingue radicalmente al hombre de los animales, las máquinas y las cosas es: primero, que es el único ente que para satisfacer sus necesidades tiene que transformar la naturaleza creando una segunda realidad; segundo, que su actividad transformadora está sujeta a fines, es consciente e intencional; tercero, que esta segunda realidad crea nuevas necesidades más allá de las estrictamente biológicas, produciendo en nosotros nuevos sentidos y capacidades y; cuarto, que todo ello ocurre a lo largo de la historia bajo distintas formas de cooperación social.

Si recorremos la larga lista de mujeres y hombres que han sido reconocidos como sobresalientes nos percataremos que lo han sido justamente por ser creadores; innovadores, originales y no precisamente por haber obtenido buenas calificaciones en la escuela o altos puntajes en pruebas de coeficiente intelectual.

Hace varios años se puso de moda hablar de la creatividad, en ese entonces incluso abundaron los cursos y talleres sobre técnicas para desarrollarla, para favorecerla en el aula. Se le consideraba entonces, y no sin razón, como un ingrediente necesario para el aprendizaje significativo; por lo mismo se le subordinó a las tareas académico escolares y se confundió su verdadero significado al grado de que los educadores no imaginaron ni por asomo formar individuos creadores. Su objetivo era simple y llanamente que los alumnos aprendieran creativamente.

Hay una clara diferencia entre un individuo creativo y uno creador. En el primer caso nos encontramos con alguien cuyas estrategias, métodos, estilos o formas para producir ideas, soluciones a problemas e incluso nuevos problemas o interrogantes no se conducen por senderos lógicos, racionales o lineales, apartándose de lo necesario, en sentido lógico, de lo obvio y de lo natural o normalmente esperado; así, al poner en juego su creatividad, las conclusiones, respuestas, soluciones, planteamientos y resultados que obtiene suelen parecer ilógicos, absurdos, descabellados, infantiles o declaradamente imposibles y, curiosamente, en combinación con el juicio racional y el gusto estético, altamente originales. En el segundo caso, el del individuo creador, la actividad lo conduce hacia la producción, hacia la transformación de la realidad y no a su contemplación y consumo pasivos. El creador no exclusivamente pone en movimiento su creatividad, pues en la medida en que su interés radica básicamente en la materialización u objetivación de resultados, requiere de su racionalidad, de determinada habilidad práctica, del dominio de un campo, de clara consciencia de los fines que persigue y de férrea determinación para alcanzarlos.

En pocas palabras, es posible ser un individuo creativo y no ser en absoluto un individuo creador pero no es posible ser un individuo creador sin ser un individuo creativo.

§3.- Líneas atrás dejamos pendiente el tema de la inteligencia.

Es bien sabido que en algunos círculos el tópico de los sobresalientes se asocia estrechamente al de la inteligencia. Suponen que el ser sobresaliente implica que se es más inteligente y que si se es más inteligente entonces se es sobresaliente. A veces prefieren usar el término sobredotado o superdotado con toda la connotación que le es propia.

A pesar de ello, aún cuando dos autores coinciden en asegurar que los individuos sobresalientes poseen un alto grado de inteligencia, estarán diciendo cosas muy distintas si uno de ellos la entiende como la capacidad de adaptarse al medio y el otro como la capacidad de resolver problemas o, si uno de ellos la entiende como un bloque monolítico y el otro como un conjunto de capacidades más o menos independientes.

El problema de si son tan inteligentes Einstein, Bach y Ana Guevara puede ser absurdo para un autor, para el otro no y para otro más puede no tener respuesta. Veamos de cerca el asunto.

En el sentido tradicional, o mejor dicho, en el sentido ligado a la psicometría, la inteligencia es entendida como un conjunto de aptitudes relacionadas con la retención, transformación y uso de los símbolos verbales y numéricos en donde entran en juego la capacidad memorística, la aptitud para resolver problemas y la habilidad para manipular conceptos.

Si aceptamos que la diferencia entre el individuo sobresaliente y el que no lo es se halla en que el primero es más inteligente que el segundo nos vemos en la necesidad de establecer los criterios de comparación y las fronteras o límites cuantitativos entre un grupo y el otro. Sin embargo no hay un consenso al respecto. Al principio la relación entre la inteligencia así entendida y la creatividad, ya sea concebida como habilidad general o como capacidad creadora, se supuso directamente proporcional, pero investigaciones posteriores demostraron que no es así.

La creatividad se encuentra distribuida de manera normal entre individuos con distintos grados de inteligencia siendo viable distinguir empíricamente cuatro grupos de personas: Creatividad elevada-Inteligencia elevada, Creatividad elevada-Inteligencia baja, Creatividad baja-Inteligencia elevada, Creatividad baja-Inteligencia baja. Paradójica y reveladoramente la creatividad se encuentra casi ausente en los extremos de la escala de inteligencia.

Por otra parte, estudios realizados en torno a personajes altamente creadores revelaron que su grado de inteligencia variaba poco en comparación con el de sus congéneres, siendo este normal-alto de acuerdo a la escala estandarizada de referencia.

Por añaduría hay que tener presente que las pruebas de inteligencia y la teoría que en torno a ellas se desarrolló tuvieron el propósito de predecir el desempeño escolar de los niños y que muchos miembros del gremio de los sobresalientes han tenido una competencia escolar nada envidiable o de plano le han aborrecido.

¿Qué representa todo esto? y ¿Qué relevancia tiene para nuestro propósito?

La inteligencia, o más exactamente, el coeficiente intelectual es un ingrediente de segundo orden y por tanto irrelevante cuando se trata de definir, identificar y, en nuestro caso diseñar programas educativos para sobresalientes sobretodo si nos reclamamos fieles seguidores del constructivismo.

En la década de los ochenta Howard Gardner enfocó la incógnita de la inteligencia desde una perspectiva mucho muy diferente. Su trabajo apenas empieza a revolucionar el campo de la educación no solo de los sobresalientes sino de los discapacitados. Grupos que dicho sea de paso no son en absoluto excluyentes.

La inteligencia humana no puede entenderse al margen de los productos y actividades culturalmente significativos, así, palabras más, palabras menos la inteligencia es la capacidad para realizar productos o resolver problemas poniendo en juego habilidades también culturalmente significativas.

De igual manera la inteligencia no forma un todo indivisible y único. Se compone por un conjunto de ocho elementos relativamente autónomos y diferenciables. La inteligencia lógico-matemática, la verbal-lingüística, la musical, la kinestésico-corporal, la espacial o pictórica, la naturalista o ecológica, la intrapersonal y la interpersonal.

No queremos redundar sobre este punto pues estamos seguros que todos ustedes están familiarizados con él.

La teoría de las inteligencias múltiples, como se le conoce o teoría de la inteligencia humana como la designa su autor, tiene una gran trascendencia pues nos permite comprender y explicar el aspecto subjetivo de la diversidad de los sobresalientes.

Recordemos nuevamente a nuestros personajes. Cada cual es inteligente de manera distinta.

De aquí se sigue otro hecho relevante: El campo en el que un individuo es sobresaliente es justamente aquél que requiere del ejercicio de su inteligencia dominante.

Preguntémonos ahora ¿Nuestra escuela desarrolla en los niños todas las inteligencias? ¿Los ayuda a descubrir y alcanzar su vocación? ¿Les permite ampliar el abanico de sus intereses y descubrir aquel que los puede conducir por el camino de la creación?

§4.- Y ya que hemos retomado el tema de la escuela queremos finalizar nuestra plática ligándolo con el de la creatividad.

A pesar de que en los planes de estudio se dice que uno de sus propósitos es el de fomentar la creatividad en los alumnos, es realmente pobre la atención que a ésta se le da y solo tangencialmente, como un simpático agregado.

Cotidianamente en las aulas matamos de muchas maneras la creatividad de los alumnos: sancionando lo diferente, ridiculizando la originalidad, anulando a curiosidad,

estandarizando las respuestas, enseñando verdades absolutas. Valorando la respuesta correcta y descalificando la errada pero ingeniosa.

Pero más que nada fomentando una especie de conformismo intelectual y la creencia de que nada hay nuevo bajo el sol.

Quiero leerles una pequeña historia:

Un nuevo alumno ingresa a la clase; su profesor le solicita un informe del trabajo que ha realizado en el terreno en que procura continuar estudiando. Nuestro estudiante le menciona una serie de libros que ha leído y cursos que ha seguido. Muy bien. A continuación, el profesor le pregunta si tiene interés por algún problema específico que desee resolver. Evidentemente, el joven no entiende la pregunta, y el profesor se la aclara. ¿En todo ese campo no hay algún punto específico que el joven ignore y no haya podido descubrir en los libros, algún tema a cuya investigación, a su entender valga la pena dedicar tiempo y trabajo? No, al estudiante no se le ocurre ninguno. Nunca se le ha enseñado a encarar la materia con la perspectiva de hacer él mismo algo al respecto…

Finalmente al profesor asume la iniciativa, le plantea un problema que tiene mucho interés en resolver, le proporciona todo el material y pone a su disposición el equipo necesario y le dice que se ponga a trabajar. Al día siguiente va a ver al muchacho al laboratorio y lo encuentra leyendo un libro. Le pregunta entonces qué ha hecho, qué observaciones ha efectuado, qué experimentos ha ensayado, y descubre que no ha realizado ninguna observación, que no ha hecho nada de nada, pero que ha dado con un libro ¡muy interesante!….”

Muchas gracias….

Bibliografía:

  • Gardner Howard, Inteligencias Múltiples, Paidós, España,1995

  •  _____________, Mentes Creativas, Paidós, España, 1995

  •  Vail Priscila L., Niños inteligentes con problemas escolares, Diana, México, 1997

  •  Guilford J.P. et al., Creatividad y Educación, Paidós, España, 1991

  •  Ruiz Alvarez Luis, Guía técnica para el área de pedagogía, Proyecto de atención a niños con capacidades y aptitudes sobresalientes, SEIEM, México, 1994

  •  Ruiz Alvarez Luis, Notas para una definición de individuo sobresaliente, en: Revista “Educar” No. 29, Secretaría de Educación del Estado de Jalisco, México, 2004

 

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