José de Espronceda (El diablo mundo)

(Fragmento)

Sobre una mesa de pintado pino

melancólica luz lanza un quinqué,

y un cuarto ni lujoso ni mezquino

a su reflejo pálido se ve:

Suenan las doce en el reloj vecino

y el libro cierra que anhelante lee

un hombre ya caduco, y cuenta atento

de cansado reloj el golpe lento.

Carga después sobre la diestra mano

la ya rugosa y abrumada frente,

y un pensamiento fúnebre, tirano,

fija y domina, al parecer, su mente:

Borrarlo intenta en su ansiedad en vano

vuelve a leer, y en tanto, que obediente

se somete su vista a su porfía,

lánzase á otra región su fantasía.

«¡Todo es mentira y vanidad, locura!»

Con sonrisa sarcástica exclamó.

Y en la silla tomando otra postura,

de golpe el libro y con desdén cerró:

Lóbrega tempestad su frente oscura

en remolinos densos anubló,

Y los áridos ojos quemó luego

una sangrienta lágrima de fuego.

«¡Ay!, para siempre, dijo, la ufanía.

¡Pasó ya de la hermosa juventud,

la música del alma y melodía,

los sueños de entusiasmo y de virtud!…

Pasaron, ¡ay!, las horas de alegría,

y abre su seno hambriento el ataúd,

y único porvenir, sola esperanza,

La muerte, a pasos de gigante avanza.

 « ¿Qué es el hombre? Un misterio. ¿Qué es la vida?

¡Un misterio también!… Corren los años

su rápida carrera, y escondida

la vejez llega envuelta en sus engaños:

Vano es llorar la juventud perdida,

vano buscar remedio a nuestros daños;

Un sueño es lo presente de un momento,

¡muerte es el porvenir, lo que fue, un cuento! …

« Los siglos á los siglos se atropellan;

los hombres á los hombres se suceden,

en la vejez sus cálculos se estrellan,

su pompa y glorias á la muerte ceden:

La luz que sus espíritus destellan

muere en la niebla que vencer no pueden,

¡y es la historia del hombre y su locura

una estrecha y hedionda sepultura!

»¡Oh!, si el hombre tal vez lograr pudiera

ser para siempre joven e inmortal,

y de la vida el sol le sonriera,

eterno de la vida el manantial!

¡Oh!, como entonces venturoso fuera

roto un cristal, alzarse otro cristal

de ilusiones sin fin, contemplaría,

claro y eterno sol de un bello día!.

»Necio, dirán, tu espíritu altanero.

¿Dónde te arrastra, que insensato quiere

en un mundo infeliz, perecedero,

vivir eterno mientras todo muere?

¿Qué hay inmortal, ni aun firme y duradero?

¿Qué hay que la edad con su rigor no altere?

¿No lo ves que todo es humo, y polvo y viento?

¡Loco es tu afán, inútil tu lamento!…»

 

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